jueves, 14 de marzo de 2013

La nueva ¿o vieja? España.


En los últimos días, parece que facebook se ha convertido en una suerte de escaparate  en el que he expuesto algunos trapitos que estaban por ahí y a determinadas personas no les  ha gustado mucho tal exposición.
Parece que los trapos que están por casa nos parecen muy monos y apañaditos mientras están guardados en los cajones pero cuando alguien los coge y los saca al escaparate, nos damos cuenta de que no son de un paño tan bueno como presumíamos o no nos gusta que otras miradas puedan juzgar nuestro preciado género.
Así sucedió con algunos comentarios que hice sobre el machismo que, a mi juicio, todavía sigue vigente en las escuelas  o con unas fotos que colgué ( no me atreví a comentarlas) de una suerte de procesión expuesta en la entrada de un colegio público que conozco un poco, con toda su parafernalia de Cristos, Vírgenes, Manolas y demás familia .
Tal vez la culpa es mía por desnudarme en facebook o por tener agregados a un grupo que se llama  amigos a aquellos que no son más que conocidos circunstanciales. Procuraré ser más comedido en las redes sociales. En cualquier caso suelo tener la precaución de no ofender gratuitamente a nadie.
A partir de tales incidentes y del revuelo mediático ocasionado ante la elección nuevo Papa me pregunto con desazón qué país estamos dejando y asisto con inquietud a la penosa escena costumbrista en la que entre todos hemos convertido España.  Esta España que parece la abuela de aquella otra España desenfadada y divertida pero a la vez ilusionada y creadora, que nuestros padres fueron construyendo sobre el solar de aquella otra España cateta y temerosa de casi todo que  dejó el abuelo Paco de infausta memoria.
Observo esta nueva España de charanga y pandereta, esta  España viejuna y resentida que disfrazada a veces  con ropajes modernos y otras veces mostrando su cara más auténtica y despiadada, con  peineta y  mantilla nos deja escenas como la que ilustra la foto. Un colegio público en el que nos saluda una Virgen doliente y llorosa (preciosa escena para un niño), en el que admiramos cofrades hechos de cucurucho de papel que ocultan su rostro ante la grandeza del Altísimo, reproducciones a escala de variadas Santas y Vírgenes con manto hecho con golosas blondas y manolas-niñas de cara sonriente que son pura pedagogía, nada mejor para una mujer que mostrarse servil y complaciente, enlutada y doliente mártir en pleno proceso expiatorio.
Pero no debemos escandalizarnos, todo ello ha sido preparado con amor, elaborado  por primorosas manos infantiles sabiamente guiadas por  la maestra de religión. Algún día hablaré de esos curiosos compañeros que no son tales, que accedieron por la vía eclesiástica de la mano del Obispo tras, supongo, duras pruebas. Además, la Semana Santa es algo cultural, me cuentan aquellos que también me dicen sin pestañear que España es un país católico y que debemos respetar a todos.
En esta nueva España de  la neo-resignación cristiana y del "mejor dejémoslo estar", los que somos acusados de poco respetuosos somos los que queremos espacios públicos alejados de adoctrinamientos  y luchamos por una educación en libertad en la que todos quepan.
Los que hoy nos dicen esto, ayer se rasgaban las vestiduras ante una asignatura terrible llamada “Educación para la Ciudadanía “, una asignatura peligrosísima  e inoculadora de ideas tan terribles como libertad, igualdad, justicia, laicismo o tolerancia. Nos dicen que total son pocos niños los que no cursan religión( todo un alegato al respeto a las minorías) y  nos animan con palmaditas en el hombro mientras nos dan consejos que nadie les ha pedido acerca de no darle tanta importancia a tonterías, es mejor no hacer caso, dicen, dejar pasar y anteponer ante todo el la paz social en la escuela.
Lo verdaderamente triste es que al final el objetivo se ve cumplido.  Empieza un nuevo día, la Virgen María se queda custodiando la entrada y  entras a clase saboreando el caramelo de la matutina algarabía infantil para que el sabor agridulce desaparezca de la boca. Cuando piensas que tal vez no es realmente tan importante, que tal vez eres demasiado puntilloso, que tal vez la escuela sea muchísimo menos machista y muchísimo menos homófoba que cuando tú eras el alumno,  entonces ves a los niños reír a carcajadas, sonríes con ellos aliviado y esa sonrisa se hiela cuando descubres que las chanzas son porque un niño ha comentado se ha apuntado a una academia de baile en vez de ir a jugar al fútbol con los demás  ¡Queda tanto camino!



2 comentarios:

  1. Pienso que tienes muchísima razón, no son tonterías, son cuestiones muy importantes, no eres quisquilloso, eres coherente, la escuela es laica, no católica, apostólica y romana.

    Tenemos que mantener la coherencia, sobre todo si somos educadores, aunque resultemos incómodos y molestos para algunos que están a nuestro lado.

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  2. Ser coherente es uno de los principios que guían mi práctica.

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